miércoles, 9 de noviembre de 2011

Capítulo 8, parte 4


La nueva base era tan similar a la anterior que Kati casi se sentía como si hubiera retrocedido en el tiempo, aunque esta vez la habitación de Ares —que ahora también era la suya— había sido ampliada para que cupieran ambos con cierta comodidad.
Los miembros de la banda tardaron apenas una hora en desempaquetar sus pertenencias y hacer vida normal. Nada más acabar de instalarse, PF había comenzado a programar el sistema mientras Roca y Ares hacían una ronda para comprobar que todas las trampas y defensas estaban a punto. A la par, Amanecer y Sombra realizaban los hechizos de protección oportunos y escondían mágicamente la base a los ojos indiscretos con total eficiencia.
En menos de dos horas, la base estaba totalmente operativa, con unas defensas muchísimo mejores que la anterior, y el grupo se reunió al poco rato en la sala principal para comentar todo lo que habían hecho y evitar así posibles desgracias por faltas de precaución de sus compañeros. Sombra, con cierta expresión de regocijo que todos conocían ya demasiado bien como para fiarse, pidió permiso a Ares para preparar una sorpresita a los visitantes indeseados y todos le miraron susceptibles.
—No me miréis así. Al parecer, nadie se dio cuenta de que hay un antiquísimo campo de batalla cerca de aquí y me parece apropiado que los intrusos sean recibidos por un comité de bienvenida esquelético.
—Bah, tonterías. La última vez que convocaste un ejército de no muertos esos idiotas comenzaron a andar en círculos y a engancharse unos con otros y no hubo forma de que ayudaran.
—Pero esta vez tengo más experiencia y un arma secreta, si es que has tenido a bien hacer lo que te pedí —dijo Sombra en tono jocoso.
El enano refunfuñó mientras se iba a uno de los aerodeslizadores que no habían descargado y volvió al cabo de un rato transportando una enorme caja en un palé electrónico. Kati lo miró con curiosidad, percibiendo alguna clase de ser vivo dentro, y observó horrorizada cómo el nigromante abría la caja, mostrando a todos lo que parecía un inmenso robot, y comenzaba a explicarles que esa horrenda máquina le ayudaría a realizar sus hechizos con mayor eficacia.
—¡Es el cadáver de Afrodita! —exclamó Kati acusadora conteniendo las ganas de vomitar. Todos miraron a Sombra y a Roca, que no lo negaron, y PF se volvió hacia Kati.
—¿Me estás diciendo que ese robot es un cadáver? —preguntó la hacker algo asqueada. Kati asintió con la cabeza y se volvió hacia Ares justo a tiempo para verle mover los labios dirigiéndose hacia el elfo, vocalizando algo así como “dijiste que no se enteraría”.
—¿Tú lo sabías? —preguntó atónita a su seleen inima. El semielfo asintió con la cabeza, encogiéndose de hombros, y Kati, furiosa, sólo pudo correr a encerrarse en su habitación y meter la cabeza en el retrete antes de vaciar el estómago

2 comentarios:

  1. Ha sido muy sorprendente lo del robot, espero que Kati pueda perdonar a Ares.

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