––Vamos, muchacha. ¡Suéltalo ya, que nos tienes en ascuas! ––exclamó Roca, no conocido precisamente por su paciencia.
––Wylard Hampton. Si hacemos caso a su ficha de nacimiento, tiene veinte años. Si hacemos caso a cuándo empezó a trabajar, tiene treinta y ocho. Y si hacemos caso a la cantidad de operaciones de estética que se realiza cada año para parecer más joven, sobrepasa los cincuenta y tantos.
––Cuéntanos algo que nos importe, hacker ––gruñó Sombra, que aun desprendía un aura bastante siniestra.
––Sigue siendo el jefe de Asuntos Internos, aunque según los datos de ese Departamento no hubo ningún empleado entre la muerte de Mordecai y su compañero y la muerte de los padres de Kati.
––¿Y luego?
––Luego ha tenido varios empleados que también trabajaban como directivos en distintas secciones de nivel cuatro: psicología, adoctrinamiento, sanidad y droguería.
––Curiosamente, todos relacionados de alguna forma con Kati.
––Exacto. Apuesto a que psicología y adoctrinamiento hizo un seguimiento exhaustivo de Kati durante su infancia, y aquí tenemos la razón por la cual ha tenido tantos empleos relacionados, porque cuando fue transcriptora y encargada lo fue en el mismo hospital ¿verdad?
––Sí, así es.
––Parece que, después de cuatro empleos fallidos en sanidad, tuvieron que cambiarte a otro departamento, curiosamente uno recomendado por psicología, y precisamente en uno en el que también estaba la más reciente incorporación a Asuntos Internos.
––Daniel.
––Exacto, Daniel. Curiosamente, los informes psicológicos de todos esos componentes de Asuntos Internos tienen el mismo perfil: ambiciosos, egocéntricos y demasiado ateos para vivir en una empresa religiosa, aunque su valía como empleados ha hecho que se haga la vista gorda a esos pequeños defectos. En algunos se insinúa que pueden ser un poco psicópatas, aunque en ninguno se dice claramente.
––Qué gracia, tienen el mismo perfil que cualquier seguidor de un culto maligno.
––También quiero sus nombres. Les quiero muertos antes de que acabe el mes ––dijo Ares con una mueca desconcertante en el rostro.
––¿Matarlos? ¿No es eso un poco drástico? ––preguntó Kati, sintiendo un escalofrío.
––¿Y qué quieres que hagamos, princesa? ¿Esperar a que vengan a por nosotros, a por ti?
––No podrían hacerme daño. Ya no.
––Ares tiene razón, Kati––apuntó Amanecer con convicción––. Aunque no pudieran hacerte daño a ti, pueden hacer mucho daño a todos los que te importan. Ya tendieron una emboscada al pueblo elfo sólo porque sabían que estás relacionada con Ares y que Ares tiene relación con ellos. En estas circunstancias, cuanto más tarden en atraparte más se desesperarán y más pensarán en la forma de hacer que salgas de tu escondite, aunque para ello tengan que empezar una guerra. Los dioses malignos no se detienen ante nada, y si ese dios en particular ha decidido que quiere utilizarte no parará hasta quedarse sin recursos o conseguirlo. Así que nuestra mejor opción es dejarle sin recursos antes que de su siguiente golpe.
Kati reflexionó durante un buen rato y finalmente asintió:
––Creo que tenéis razón. Pero quiero encargarme de Wylard Hampton personalmente.
miércoles 11 de enero de 2012
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