miércoles 30 de noviembre de 2011

Capítulo 8, parte 6


La lich apareció en la habitación sin previo aviso, dando a todos un buen susto y llenando la estancia de un tenue olor a putrefacción, mal disimulado por un perfume floral bastante intenso que hizo estornudar a Kati. Sombra se acercó a ella y realizó una graciosa reverencia.
—Señora…
—Veo que estuviste haciendo de nuevo de las tuyas, jovencito —dijo ella con una voz sobrenatural que denotaba la pérdida, hacía ya muchos años, de sus cuerdas vocales. Sombra, comportándose como un niño al que echaban la bronca después de hacer una trastada, se encogió de hombros y procedió a explicarle lo que había hecho.
—Ingenioso. Realmente ingenioso. Siempre me sorprendes, querido, aunque luego acabas cometiendo errores tontos por intentar abarcar más de lo que puedes. A este paso, no tardarás en convertirte en mi semejante.
—Mucho me temo que no tengo prisa para eso, mi señora. Aunque la inmortalidad de la no—muerte me tienta mucho, los placeres de la vida son demasiados como para renunciar a ellos tan pronto.
—Es una pena, querido mío. Cuando abraces la no—muerte, serás realmente poderoso. Pero bueno, supongo que la vida es demasiado tentadora, aunque apenas recuerde ya lo que sentía… y en cualquier caso todo llegará. Supongo que tendrás preparado todo en caso de muerte imprevista ¿verdad? —Sombra asintió y todos contuvieron un estremecimiento al pensar que algún día el elfo sería una criatura como esa —. Pasando a asuntos más importantes, creo que es hora de que expulsemos a ese poderoso ser. Deduzco que no puedes desconectarlo ¿verdad, enano? —Roca, temblando un poco, negó con la cabeza —. Bien… Sería una pena que se echara a perder ese maravilloso ingenio. Sombra, acompáñame. Los demás, quedaos aquí —ordenó dirigiéndose a la puerta con su alumno.
Ares se apresuró a cerrar bien la puerta cuando salieron y Amanecer comenzó a crear un escudo celestial alrededor del grupo como precaución. Aun así, una oleada de frío mágico llegó hasta ellos y les dejó temblando, e incluso tuvieron que taparse los oídos al oír los chirridos sobrenaturales que salían de la sala sellada.
Finalmente, se hizo un inquietante silencio y ninguno de ellos se atrevió a moverse hasta que vieron a Sombra y a la lich entrar por la puerta.
—Ya sabes, querido. Si haces lo que yo te he dicho, no deberías tener más problemas con ese androide. Pero de todos modos toma todas las precauciones posibles —dijo la no muerta antes de desaparecer tan rápido como había aparecido.
Sombra se quedó embobado mirando el lugar donde se había marchado y luego fijó la vista en el grupo, que seguía refugiado en el escudo de Amanecer.
—¿Se puede saber qué hacéis ahí dentro? Ya no hay peligro.
—Elfo, de veras que a veces se le olvida a uno que eres un maldito nigromante… hasta que haces algo como eso y me dan ganas de tenerte lo más lejos posible.
—Pues no es algo que vaya ocultando, precisamente.
Amanecer carraspeó y, deshaciendo el conjuro de protección con facilidad, dijo:
—Lo que quiere decir el enano es que en estos momentos te rodea un aura bastante siniestra para todos los amantes de la vida.
—Eso es porque tenéis una visión realmente limitada y estereotipada de la nigromancia —afirmó Sombra con petulancia —. Pero bueno, no se puede esperar más de vosotros. Cambiando de tema, ahora que el asunto está bajo control podríamos hacer unas preguntitas a mi huésped sobre Grafxton.

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