viernes, 28 de enero de 2011

Capítulo 3, parte 1

-¿Estás loco? ¡No puedo montarme en esas cosas! –dijo Kati medio histérica, olvidada ya la tranquilidad del amanecer, señalando a los insectos gigantes, similares a escarabajos, que Ares había llamado monturas.

- Ah, princesa, tienes que dejar de decir que estoy loco. Al final me lo voy acabar creyendo y todo. En cualquier caso te entiendo, tantos años de condicionamiento en contra de los bichos, y de todo el exterior en general, acaban por pasar factura –dijo Ares con tono despreocupado mientras cargaba a los escarabajos con el material robado tras haber hecho paquetes con ellos en función del tamaño de los animales, de aspecto amenazador pero mansos.

- Me da igual lo que me digas. Me niego. No pienso subirme.

A pesar de los intentos del mercenario por convencerla racional e irracionalmente, Kati no dio su brazo a torcer y finalmente el semielfo acabó por amenazarla con algo peor que los insectos gigantes.

- Muy bien, princesa. Iremos andando. Son unos 20 kilómetros hasta nuestro destino, aproximadamente. Por si no conoces las unidades de medida, es más o menos 20 veces la distancia que corréis en las sesiones de entrenamiento, por un terreno lleno de obstáculos, no llano… dudo que tus zapatitos de ciudad lo aguanten. Y claro, te tendré que dejar una de mis armas, porque los animales de presa del bosque son bastante rápidos y si vamos a pie no podremos esquivarlos… quizás tengamos suerte y sólo nos encontremos un par, porque si nos topamos con una manada acabaremos en el estómago de las bestias. Para colmo, como tengo que cargar con todo esto (¿no esperarás que lo deje aquí, después del esfuerzo para robarlo?) iremos más despacio y tendremos que dormir al raso, si es que encontramos un lugar adecuado que no esté ocupado por animales salvajes. Además, tampoco tenemos provisiones, así que no comeremos ni beberemos nada a no ser que nos topemos con ello por el camino.

A pesar de eso, Kati no se sentía del todo convencida, pero los aullidos de algún animal en la distancia acabaron de decidirla. Ares la ayudó a subirse al más pequeño de los insectos, el único al que no había cargado con su botín, y se sentó tras ella en la espalda de la criatura. Acto seguido, con una especie de silbido, hizo que se pusieran en marca, haciendo que Kati soltara una exclamación ahogada. A pesar de todo, pronto se acostumbró al ritmo de la montura e incluso logró disfrutar del viaje, apoyada en el pecho del semielfo mientras éste le hablaba sobre todo lo que veía intercalando comentarios burlones sobre sus miedos corporativos.

Para su sorpresa, los escarabajos se movían más rápidamente de lo que parecían y no tardaron ni la mitad del tiempo en llegar a un claro en el que Ares les hizo parar. Tras ayudarla a bajar, el mercenario descargó los escarabajos y les despidió dándoles con la mano unos frutos que crecían en un arbusto cercano.

- Vamos, princesa. Ahora toca caminar un poco. ¿Te importaría ayudarme a acarrear el material? Si no es demasiado esfuerzo, por supuesto…

Kati le fulminó con la mirada mientras cogía el paquete de aspecto más pesado y maniobraba para cargárselo a la espalda. No había acabado de hacerlo cuando Ares le dijo que no se moviera. Al alzar la vista, se encontró con que una decena de encapuchados con arcos y armas automáticas listos para disparar les rodeaban.

1 comentario:

  1. eata genial, escribes de una manera k engancha, de una manera perfecta

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