sábado, 16 de octubre de 2010

Capítulo 1, parte 1

Kati miraba por la ventana del pequeño apartamento que tenía asignado desde que empezó su último trabajo como secretaria en la sección de prensa de la compañía religiosa en la que había vivido toda su vida. En el último año, desde que la compañía había decidido que estaba en edad de trabajar, había cambiado de apartamento nada menos que seis veces, tantas como trabajos le habían asignado (primero de enfermera, luego de auxiliar sanitario, de encargada, de transcriptora, de vendedora de drogas legales y finalmente de secretaria). En ningún momento había salido del nivel cuatro, el antepenúltimo de ellos, y no esperaba llegar a salir nunca, ya que la gente solía nacer, crecer y morir siempre en el mismo nivel. No obstante, el trabajo como secretaria le gustaba más y pretendía no echar a perder su puesto, más que nada por no volver a mudarse y arriesgarse a que se descubrieran en la mudanza sus escasos libros y su bonsai natural, objetos que ya nadie tenía y que debería haber mandado al museo de antigüedades en cuanto recibió la circular.

Una llamada a la puerta la sacó de sus ensoñaciones. Nada más abrirla, sus amigas irrumpieron en la habitación. Kati frunció el ceño. No eran realmente sus amigas, sino que se las habían asignado también, como todo en su vida, después de realizar una infinidad de test de personalidad. En teoría, aunque no lo decían con esas palabras, las habían juntado porque todas ellas tenían alguna tara psicológica que las impedía moverse perfectamente por la sociedad, aunque Kati se sentía tan incómoda con ellas como con cualquier otra persona de su círculo.

No se llamaba a engaños sobre el motivo de su visita. Esa mañana, su jefe, que era del nivel dos, la había invitado a cenar. A ella no le gustaba ese hombre, que le doblaba la edad y se creía superior a todo el mundo, pero una invitación de una persona que está dos niveles por encima de ti bien podía ser tomada como una orden y se había visto obligada a aceptar y a fingir que la idea la entusiasmaba.

-Pero bueno, ¿todavía estás así?

No tuvo más remedio que dejarse hacer mientras sus amigas asignadas elegían su ropa y complementos, la peinaban y la maquillaban. No obstante, declinó la oferta de ingerir drogas para eliminar los nervios. No estaba nerviosa y detestaba tomar todo tipo de drogas, lo que la ponía en situaciones difíciles cuando era protocolo social tomarlas. Al final, había aprendido a fingir que las tragaba y mantenerlas en la boca hasta que encontraba el modo de escupirlas sin que nadie se diera cuenta. Por suerte, no era muy habladora y nadie se daba cuenta de que no había llegado a tragar las pastillas.

Una vez arreglada, la sacaron de su apartamento y la metieron en el primer transporte que encontraron para llegar al parque central del nivel, en cuyo centro, al lado de los ascensores principales, la esperaría su jefe, Daniel. Kati siempre evitaba los parques, que no tenían nada de naturales. Se habían creado para mantener la esfera gigante que cubría la ciudad y los complejos de las empresas limpios y a rebosar de oxígeno, que tanta falta hacía en el exterior de las esferas. Estas plantas, modificadas genéticamente para ser hipoalérgicas y limpiar el aire tres veces más rápido que las plantas naturales, sobrevivían gracias a las máquinas que tenían conectadas a sus raíces y desprendían un olor bastante desagradable, torpemente enmascarado por las fragancias artificiales que inundaban el ambiente.

Ahondando la mueca de disgusto que había crecido en su cara desde que sus amigas habían irrumpido en la tranquilidad de su apartamento, Kati se internó en el parque en dirección a los ascensores, en cuyo acceso exterior una orca vestida con traje de chaqueta la detuvo. Los no humanos habían sido difíciles de ver hasta hacía bien poco en los complejos de las empresas religiosas, que habían sido creadas precisamente para mantener a los humanos lejos de las criaturas que habían invadido su mundo. No obstante, últimamente muchos de los no humanos eran incorporados a la vida de las organizaciones, a instancias de los gobiernos y debido a los deseos de evitar una nueva guerra con las poderosas criaturas. Kati iba a enseñarle su acreditación cuando Daniel, que ya estaba dentro, apartó a un lado con rudeza a la orca y la condujo hasta los ascensores de subida. Kati le miró extrañada, ya que, si bien las personas de un nivel podían moverse por su nivel y por otros más bajos, nunca podían acceder a los niveles superiores. Su jefe se limitó a pasarle una acreditación temporal y prácticamente la empujó al ascensor, donde entró algo aturdida, preguntándose por qué iba a ser ella una de las pocas favorecidas para ascender al nivel tres.

No hay comentarios:

Publicar un comentario